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Tecnología Ambiental edición 106


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Retos y Oportunidades de la Gestión Ambiental Para el Progreso de México 

El año 2019 para México se perfila como un icono del desarrollo del país, al menos esa es la expectativa que con mucha esperanza la sociedad vislumbra en una transformación que se ha propuesto por casi dos décadas y que aparece como el gran cambio nacional.

Para aquellos que hemos vivido la evolución de la institucionalidad ambiental, de los instrumentos regulatorios y las políticas ambientales en México y el mundo, el panorama se perfila un tanto nebuloso. Se concluye uno de los capítulos más obscuros de la Gestión e Institucionalidad ambientales en esta corta historia medioambiental nacional.

Cuando se pensaba que la integración y la integralidad de las políticas ambientales y sus instrumentos de gestión se perfilaban hacia la madurez y el desarrollo de instrumentos de gestión ambiental de mayor y mejor cobertura, se desmiembra la gestión con la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente del Sector Hidrocarburos (ANSIPA), rebautizada para efectos de imagen como Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) con efectos insospechados y que, aun ahora, no dejan una sola experiencia positiva para México.

Se redujo el presupuesto de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como su estructura; se despidieron a más de 300 biólogos de áreas estratégicas. Se crearon más Áreas Naturales Protegidas (ANP) “de papel” sin que dispongan de Programa de Manejo, sin presupuestos, personal ni recursos materiales, sólo una muy amplia campaña mediática. La participación ciudadana también se vio afectada y los mecanismos de participación fueron reducidos a su mínima expresión al retirarles todo el presupuesto.

La eficiencia en la protección de costas ni siquiera alcanzó un valor positivo de 1, persiste un rezago de más 4 años de concesiones de la Zona Federal Marítimo Terrestre en donde la corrupción es abierta y pública sin que sea resuelta. En el rubro de vida silvestre, la política “animalista” de cero animales en circos, no atendió el tráfico de especies y la venta ilegal de fauna silvestre en los mismos sitios de toda la vida; finalmente, tigres, leones y demás animales “rescatados” de los circos, murieron al ser abandonados.

El desarrollo de inversiones que pasa por la Evaluación de Impacto Ambiental, sufrió la casuística atención en Delegaciones federales, donde fueron atendidos los proyectos de inversión privada y en oficinas centrales las inversiones públicas se atendieron con diligencia. Surgió la MIA electrónica (Manifestación de Impacto Ambiental), como un avance en la evolución de este instrumento de política ambiental, siendo quizá el mayor logro de la administración con un impacto de fondo, más que de forma, que fue el sello de la administración que ya concluye a atender: imagen y prioridades de redes sociales.

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¿Qué sigue ahora? Esperamos la evolución de los instrumentos de gestión, es necesario modernizar y actualizar el Reglamento de la LGEEPA (Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente), en materia de Impacto Ambiental y dar el salto cuántico a la Evaluación Ambiental Estratégica de Políticas, Planes y Programas.

Es necesario publicar los Programas de Manejo de todas las ANP en México y dotarlas de presupuesto, personal y materiales suficientes para cumplir con su valiosa función; abatir el rezago y transparentar la gestión de las playas y zonas costeras. Fortalecer la Vigilancia Ambiental y hacer efectivo el acceso a la Justicia Ambiental.

La gestión y administración sustentable de Mares y Costas, sigue siendo el gran pasivo de la agenda ambiental. La estructura de la Semarnat, al parecer, lejos de ser fortalecida, seguirá el destino de las demás instituciones de gobierno y será mutilada en aras de un ahorro mal entendido; sin embargo, los grandes proyectos de desarrollo se lanzan como grandes iniciativas sin que el tema ambiental sea siquiera considerado de soslayo: el Tren Maya, que deberá de cruzar ANP y fragmentar ecosistemas frágiles.

Asimismo, la construcción de refinerías en aras de la producción sin una adecuada planeación ambiental por su ubicación; un ambicioso programa de reforestación de un millón de hectáreas con frutales sin considerar los efectos ambientales de esta transformación de zonas de alto valor ambiental. Cualquiera de estos proyectos es sujeto, claro, de Evaluación Ambiental Estratégica, la cual, como sociedad, debemos de iniciar sin esperar a que exista una obligatoriedad; hoy la participación ciudadana en la agenda ambiental nacional puede y debe ser fortalecida con la amplia base de experiencia que se ha creado y que yace en espera de oportunidades y de mejores tiempos por venir para el desarrollo sustentable de México.

Por: Biol. Raúl Arriaga

Director General de GDT ambiental

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