UAM instala sus primeros humedales artificiales

La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) diseñó e instaló los primeros humedales artificiales de un sistema piloto en un colegio y tres domicilios del pueblo originario de San Mateo Tlaltenango, en la alcaldía de Cuajimalpa, para promover el manejo sustentable de aguas residuales mediante la gestión integral del recurso y la preservación de los ecosistemas.

García Becerra expuso que las nuevas generaciones afrontan una disponibilidad de agua cada vez menor, lo que exige considerar una ingeniería ecológica regenerativa en la que las urbes puedan ser diferentes; aun cuando “se ha ido perdiendo el sistema lacustre y hay una situación un tanto esquizofrénica en la que la capital se inunda durante seis meses y padece sequía otros seis, por lo que debemos ver la forma en que hemos diseñado las ciudades, pues si partimos de que han sido construidas por los seres humanos, eso significa que podemos producir nuestros propios remedios”.

Y es que para 2050, al menos 70 por ciento de la población mundial será urbana, por lo que es necesario plantear soluciones de infraestructura verde adaptadas a las variabilidades ambiental y socioecológica, “centrándose en la obra a pequeña escala y el desarrollo de innovaciones enfocadas en las personas”.

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La infraestructura instalada por la UAM fue inaugurada el pasado 4 de noviembre por la Unidad Cuajimalpa, derivado del proyecto interdisciplinar Transformación socio-tecnológica para el manejo sustentable del agua utilizando humedales de tratamiento periurbano.

El proyecto fue desarrollado por las doctoras Miriam Alfie Cohen y Flor Yunuén García Becerra, responsables ante la UAM y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en ese orden, y adscritas a los departamentos de Ciencias Sociales y de Procesos y Tecnología de esa sede académica.

El impacto de los humedales se dará de manera directa en la transformación de conductas y hábitos, al modificar –paso a paso– la huella medioambiental de las comunidades, demostrando así su responsabilidad en el cuidado de los servicios ecosistémicos para hacerlos más resilientes.

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El que opera en el Colegio Bilbao cuenta con un programa integral y transversal que intersecta las variables económica, ambiental y social, ya que la escuela mostró su disposición a adoptar una tecnología para mitigar el impacto ecológico, además de que la aptitud del terreno fue idónea para esta construcción.

El sistema de tratamiento –colocado en el edificio de Arte y Música del plantel– comprende un biodigestor, tanques de aireación y almacenamiento, y dos humedales, por lo que el fluido residual de los baños se colecta y traslada a un biodigestor de plástico de 1,300 litros donde ocurre un primer manejo anaerobio, es decir, sin oxígeno, antes de pasar a un depósito de aireación con difusores que inyectan aire en forma intermitente, explicó la química Mónica Rodríguez Estrada, representante de GMI, la consultoría encargada de la obra.

Después, el líquido llega a un humedal de flujo horizontal que circula de izquierda a derecha por debajo de la superficie para pasar por gravedad a otro de trayecto vertical donde se recauda en la parte de abajo; luego transita a otro tinaco de 500 litros donde es sometido a desinfección con cloro y sube por bombeo a un tanque elevado que está en el techo del inmueble y desde ahí llega a los inodoros.

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La intención fue crear el mecanismo con materiales de la zona para fomentar la economía local, ya que ambos humedales –de flujos horizontal y vertical– poseen plantas en la superficie que propagan pequeñas cantidades de oxígeno y, “lo que nos parecen heces fecales y orina, son nutrientes para los microorganismos y las plantas”. Entre las especies utilizadas están los carrizos phragmites australis, cuyas raíces crecen hacia abajo; el arundo donax, que semeja un bambú; y el junco triangular, caracterizado por sus largos tallos lisos y alcatraces blancos.

“El humedal tiene un proceso de adaptación para que las plantas y el ecosistema microbiano se establezcan, por lo que el sistema será estudiado con instrumentos en línea y monitoreado con el propósito de que el fluido tratado cumpla con la Norma Oficial Mexicana 003-SEMARNAT-1997, que señala los límites máximos permisibles de contaminantes y patógenos para las aguas residuales descontaminadas que se reúsen en los sanitarios”.

El método en el colegio fue diseñado para todo el líquido de desecho generado en el edificio de Arte y Música –alrededor de 700 litros a la semana– lo que formará un circuito cerrado del mismo que apoye en la instalación de infraestructura verde-azul mediante la reutilización de nutrientes para el ecosistema cercano.

La química Rodríguez Estrada expuso que “el sistema es automatizado para que sólo requiera visitas de revisión general y el mantenimiento sea sencillo y de bajo costo, pues consiste en la aplicación de fertilizante a las plantas una vez por semana, la limpieza del biodigestor una vez al año, añadir una pastilla de cloro y activar el mecanismo de recirculación en periodos vacacionales”.

 

Staff Tecnología Ambiental

Foto: cortesía

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