Dinamarca ha tomado una decisión que marcará un hito histórico.
wind field with wind turbines

Dinamarca ha tomado una decisión que marcará un hito histórico

Desde este momento y hasta el año 2050, el mayor productor de hidrocarburos de la Unión Europea tiene como objetivo detener la extracción de combustibles fósiles, por lo que pondrá fin a las exploraciones tanto petrolíferas como de gas en el mar del Norte, situándose a la cabeza de la lucha contra el cambio climático. El sector petrolífero ha sido el origen de la creación del estado de bienestar en Dinamarca y alrededor de 4.000 puestos de trabajo dependen del sector, no obstante, la idea es crear nuevos empleos en el sector eólico marino que cuenta con un potente desarrollo en el país.

En Latinoamérica la preocupación medioambiental no se queda atrás. En busca de la creación de un futuro más sostenible, en Brasil el fabricante danés Vestas, ha invertido en la creación del mayor parque eólico existente en Latinoamérica, una muestra del enorme potencial que la energía limpia tiene en el continente.

También en Colombia se ha inaugurado recientemente una nueva planta solar compuesta por 37.876 paneles a través de la cual tratarán de paliar los efectos del cambio climático.

Por su parte, China se ha comprometido también a reducir sus emisiones de carbono en un 65% para el año 2030 al tiempo que el Reino Unido anuncia que no apoyará proyectos de combustibles fósiles en el extranjero.

Repercusión en el sector petrolífero

La crisis provocada por la pandemia ha vapuleado el precio del petróleo a lo largo de este 2020, que no ha vuelto a alcanzar los 60 dólares desde diciembre de 2019 y la exigencia a las empresas tanto para que detallen su impacto en el medioambiente como para que adopten medidas que lo mitiguen es cada vez mayor.

La industria del automóvil se esfuerza en acelerar la transición hacia los vehículos eléctricos y la gran petrolera Repsol se ha comprometido a disminuir sus emisiones netas de carbono a cero para el año 2050.

Los países miembros de la OPEP y Rusia ya han tomado cartas en el asunto y han acordado continuar con algunos de los recortes en la producción para tratar de aumentar el precio del barril. Aunque no han conseguido alcanzar un consenso en lo que respecta a las acciones a tomar a lo largo del próximo 2021, inicialmente aumentarán la producción en medio millón de barriles diarios en previsión de que la demanda actual vaya aumentando conforme den comienzo las vacunaciones frente a la Covid, y pueda retomarse una cierta normalidad en la actividad económica mundial.

 

El cambio también alcanza a la inversión en energía

Nada ayuda tanto al cambio como que este sea económicamente rentable, y desde luego no iba a ser menos en el paso de los combustibles fósiles a las energías renovables. Tras el fiasco de la pasada crisis, cuando las inversiones en renovables demostraron ser muy poco atractivas sin el sostén artificial de los estímulos públicos, esta vez parece que las cosas han cambiado, y una década larga de avance tecnológico, la emergencia de una clase media china de cientos de millones de seres humanos -que han ganado no solo en capacidad de gasto, sino en influencia política, y no parecen dispuestos a seguir respirando veneno- y la aparición de estrellas mediáticas más o menos creíbles en contra del cambio climático parece que han encaminado al mundo hacia una economía más sostenible, pero esto no hace que de repente las viejas materias primas hayan desaparecido de la escena, de hecho en formas alternativas de invertir, como en el trading con petróleo, siguen siendo válidas para aquellos traders que estén dispuestos a asumir el alto riesgo del binomio que forman la volatilidad y el apalancamiento -que juntos pueden llevar a obtener mayores retornos pero también pérdidas altas con mayor facilidad- para arriesgar en mercados que suben y bajan tan rápido como el petróleo este último año sin comprar acciones o futuros directamente, sino operando con su precio. Y, por supuesto, el petróleo también puede negociarse de forma tradicional en las bolsas de valores.

No conviene desdeñar la faceta de la viabilidad financiera en la lucha contra el cambio climático como motivo impuro, ya que el beneficio económico es un acicate válido para sumar a aquellos que a priori no estarían interesados en frenar el deterioro medioambiental.

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